La Biblia nos dice que nos apartemos de la fornicación. Esta palabra abarca todo tipo de actividad sexual fuera del matrimonio: relaciones premaritales, adulterio, homosexualismo, así como toda clase de pecado sexual. Lo cierto es que no importa hasta dónde hayamos caído ni qué tan fea haya sido la vida que llevábamos, Dios exige que nos convirtamos de esas obras muertas con todo nuestro corazón.
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La ciudad de Tesalónica era como cualquiera de su tiempo, una ciudad gentil
entregada a la idolatría en donde abundaban la homosexualidad, la pedofilia (abuso
de niños) y toda clase de depravasiones morales. Conmovidos, Pablo, Silas y
Timoteo, llegaron a proclamar que Jesús era el Mesías; pero después de una serie
de argucias, los fariseos armaron un motín en contra de ellos y tuvieron que
huir. Preocupado por los nuevos convertidos, Pablo les envió dos epístolas
acerca de la conducta, la ética y la moralidad:
"Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la
manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y gradar a Dios,
así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor
Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de
fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y
honor; no en pasión de concupisencia, como los gentiles que no conocen a Dios."
(I Tesalonicenses 4: 1-5)
La palabra santificación tiene dos sentidos, en primer lugar: separarse de los
demás y en segundo: purificar o limpiar. Por una parte aborda las acciones
externas de la persona y por otra, la condición interna. Los fariseos eran
personas aparentemente santas y religiosas, pero Jesús dijo que no eran más que
"sepulcros blanqueados, llenos de huesos de corrupción".
Si el interior está en orden, el exterior también lo estará, de otra manera, el
exterior jamás estará bien.
Pablo pone el dedo en un asunto muy delicado: la moralidad sexual de los
tesalonisenses, "Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación":
1.-Que os apartéis de fornicación.
2.- Que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor, no
en pasión de concupisencia.
¿A qué se refería?
Con toda seguridad, los tesalónicos habían crecido desde niños en medio de la
corrupción, la veían como cosa muy normal. Vivían en una sociedad idólatra que
lejos de repudiar la inmoralidad, la toleraba como el pan de cada día. De hecho,
el templo de Corinto, que estaba a unos pocos kilómetros de Tesalónica,
albergaba mil prostitutas que trabajaban día y noche en rituales de índole
sexual como adoración a su dios. Sin embargo llega el Evangelio, creen en Dios y
se arrepienten.
Lo interesante es que a pesar de su conversión, Pablo vio necesario exortarlos.
Lo primero que les dijo fue que se apartaran de la fornicación. Esta palabra
abarca todo tipo de actividad sexual fuera del matrimonio: relaciones
premaritales, adulterio, homosexualismo, así como toda clase de pecado sexual.
Lo cierto es que no importa hasta dónde hayamos caído ni qué tan fea haya sido
la vida que llevábamos, Dios exige que nos convirtamos de esas obras muertas con
todo nuestro corazón.
Si bien las tentaciones siempre estarán presentes, óyelo bien, no tenemos qué
caer, ¡la gracia de Dios es suficiente! Pretextos tales como: "Es que ella me
sedujo", "Es que me tomó desprevenido" ¡No son más que un fútil intento para
evadir la responsabilidad de nuestras acciones! José pudiera haber caído, pero
su temor a Dios le hizo huir de la fornicación. Tú y yo tenemos que respetar a
Dios de tal manera, que venga lo que venga, nos mantendremos en pureza y
santidad, determinados a nunca jamás volver a caer en esas cosas.
"Que cada uno sepa tener su propia esposa en santidad y honor".
¿Cuántos hombres siguen adictos a la pornografía después de convertirse? Se
casan pensando que así se van a librar de sus deseos malsanos. La verdad es que
el matrimonio no puede curar la corrupción moral. Viven atormentados por su
conciencia y se proponen cambiar una y otra vez, pero muy a su pesar, vuelven a
caer irremediablemente. Son presos de una adicción nefasta y diabólica que grita
en su ser y los impulsa hacia aquello que tanto detestan.
Pablo les dice a los de Tesalónica que se aparten de la fornicación, esto se
refiere a las acciones, pero también dice, "que cada uno de vosotros sepa tener
su propia esposa en santidad y honor" y agrega: "...no en pasión de
concupisencia", y más adelante, "Teniendo tales promesas, limpiémonos de toda
contaminación de carne y de espíritu." (II Cor. 7:1) Hay muchos varones
cristianos que dan lástima por que realmente son como sepulcros blanqueados,
viven tratando de sujetar sus cuerpos y mantener las apariencias, mientras que
por dentro llevan un infierno de inmoralidades.
Cuando el hombre cristiano es adicto a la pornografía, se impregna de una serie
de ideas, imágenes y lujuria incontrolable que da lugar a muchas repercusiones
nefastas contra el matrimonio, porque mientras que Dios purifica el espíritu de
la mujer, el hombre continúa hundido en lascivia. Esto hace que se produzca un
choque entre el espíritu de Dios que mora en ella y el espíritu de perversión
que tiene él, deteriorando paulatinamente el matrimonio.
Cuando el hombre vive absorto en la pornografía, nace en él un espíritu obscuro,
egocéntrico. Deja de ver a su mujer como hija de Dios, digna de honor y santidad,
y la convierte en un objeto sexual; una cosa en la que él utiliza para saciar
sus instintos animales. En vez de que el sexo sea un intercambio mutuo de amor,
ternura y santidad, se convierte en un ultraje de autogratificación, indolente a
las necesidades y los sentimientos de la otra persona.
¿Qué pasa con la mujer?
Lejos de sentirse amada, se siente ultrajada y subajada. Su conciencia queda
agredida y reacciona repudiando la relación sexual. Ninguna mujer quiere ser
vista como un mero objeto sexual, como una prostituta, blanco de nuestras
perversiones. Ellas anhelan ser amadas y respetadas como mujeres.
El hombre que ve materiales pornográficos y luego se acerca a su mujer queriendo
escenificarlos, está violando la conciencia de su esposa. Termina por
endurecerla y destruir su propio matrimonio.
¿Qué pasa con la familia?
El hombre cristiano que vive adicto a la pornografía cree que nadie se da cuenta,
pero luego se siente perplejo cuando sus hijos salen con el mismo problema.
Los hijos manifiestan las perversiones que heredan de sus padres y comienzan a
experimentar con sus hermanitas. Desafortunadamente, el incesto no ha
desaparecido del cuerpo cristiano por culpa de nosotros los padres.
¿Qué pasó con David en la Biblia?
Le "echó el ojo" a la esposa del vecino. Una opinión muy simplista diría: "Sí,
es cierto que David cayó con Betsabé, pero Dios lo perdonó". Esto es cierto,
pero, ¡a qué precio! Perdió cuatro hijos, un hijo violó a su hija Tamar, otro
cometió adulterio con sus concubinas a plena luz del día, todo el reino se
rebeló en su contra. ¿Cómo empezó todo? Por la vista. Yo no se si él le echó
ojitos a ella o ella a él, pero la cosa es que David no huyó de la tentación. De
la vista pasó al corazón, y de ahí se tradujo en hechos hasta culminar en todas
las tragedias que le sobrevinieron.
¿Puede el hombre cristiano ser libre de la pornografía?
La Biblia dice "confesaos vuestras ofensas y orad los unos por los otros para
que seáis sanados". La mayoría de los hombres cristianos no alcanzan la libertad
porque pelean la batalla a solas. Se sienten tan avergonzados se engañan
creyendo poderlo vencer a solas y por eso vuelven a tropezar. Hay una dinámica
que entra en acción en el momento que confesamos nuestros pecados. Quizá no la
podamos entender porque es un misterio, pero sin embargo, nunca falla: Cuando
confesando nuestros pecados, logramos ejercer dominio sobre el diablo.
Por Roberto Evans